Ayer tuve la oportunidad de ver el documental Sicko, de Michael Moore. Este documental trata el sistema de “sanidad” estadounidense comparándolo con los que existen en el resto de países denominados del primer mundo, incluso con el sistema cubano. Dado que ahora vivo en México y he podido sentir en mis propias carnes lo que es un sistema sanitario privado creo que puedo hablar con conocimiento de causa de la suerte que tenemos de vivir en una sociedad en la que se piensa en el nosotros y no únicamente en el yo.
Cuando un europeo llega por primera vez a un centro hospitalario de estos países y a la salida se encuentra con la caja donde tiene que pagar por los servicios prestados no suele ser extraño que se le escape una pequeña sonrisa de estupor. ¿Es posible que en pleno siglo XXI la sanidad no sea universal y gratuita? La atención suele ser muy buena y los tiempos de espera mínimos, pero, ¿acaso no es eso lo que tenemos en la sanidad pública europea? En mi caso particular tuve que abonar alrededor de ciento treinta euros por veinte minutos de revisión. Es simpática la situación en la que te encuentras cuando en un hospital se te trata como si estuvieses pagando en el supermercado, porque aquí la sanidad es lo mismo que los bienes de consumo, algo con lo que mercadear.
Otra de las cosas que te puede sorprender en estos países y que a mí fue lo que más me llamó la atención fue el precio de los medicamentos. Mientras vives en la burbuja socialdemócrata europea no te paras a pensar en los subsidios de los mismos, sin embargo yo llegué a pagar el equivalente a doce euros por diez pastillas antiinflamatorias. Es decir, por un pequeño dolor muscular llegué a abonar alrededor de ciento cincuenta euros.
Cuando llegas a estos países se te obliga a adquirir un seguro médico privado. Los afortunados que tenemos posibles para comprarlo es lo primero que hacemos cuando arribamos a estos países. Sin embargo, hay millones de personas que no pueden hacerlo, entonces sin un seguro privado y sin sanidad pública ¿qué pasa con estas personas cuando enferman? La respuesta es muy sencilla, pueden llegar a morir por una simple gripe. En México hay un cuarenta por ciento de la población que no puede financiarse estos tipos de seguros, por no hablar de aquellos que pudiéndolo pagar no son aptos, por historial médico previo, para adquirir uno. Se puede pensar que esto ocurre en México porque se trata de un país en el que muchas de sus regiones no son consideradas del primer mundo, pero ¿y en EEUU, el país más rico del mundo? ¿alguien puede concebir que en un país con unos índices de PIB como el de los americanos se permita morir a personas por no poder financiarse la sanidad?
Si tenemos la suerte de haber comprado un seguro podemos pensar, como personas que creemos en la buena fe de empresas que comercian con algo tan importante como la salud, que tenemos cubierto todo el tema médico. Nada más lejos de la realidad. Es en el momento de tener que batallar por el pago de los gastos médicos cuando te das cuenta, si no lo has hecho ya, de la crueldad de este sistema. Tienes que tener en cuenta que estás lidiando con empresas privadas capitalistas, aquellas que buscan por encima de todo su propio beneficio, aquellas que sacarán cualquier escusa para no abonar lo que tú entiendes como justo. Mi caso particular no es muy trascendente, porque al fin y al cabo sólo lucho porque me devuelvan los ciento cincuenta euros, pero si extrapolamos esto a un caso por ejemplo de cáncer, en el que los gastos se cifran en miles de euros, estas negativas pueden suponer la bancarrota para una familia.
Si vemos la deriva que en España está tomando el sistema sanitario, donde los nuevos hospitales son cedidos a empresas privadas para que se encarguen de su administración, podemos intuir un acercamiento hacia los sistemas privados en vez de mantener el gran sistema público que se ha demostrado como más solidario y justo. Tenemos que luchar para que esto no vaya a peor puesto que entiendo que tanto la educación como la salud deben ser servicios universales y gratuitos. No se puede ser libre si nos falta alguno de éstos, y no puede haber democracia si no hay libertad. Por tanto, si queremos ser sociedades libres y democráticas tenemos que velar por el mantenimiento y mejora de estos pilares básicos.